Cómo es vivir con infertilidad

No recuerdo con exactitud la primera vez que me vino la regla. Siempre que algún nuevo ginecólogo me pregunta hago un aproximado de cuándo debió ser: entre los 12 y 13 años, porque fue apenas una mancha y apareció nuevamente un año después, situación que se repitió hasta que tuve 17 y comenzaron a bombardearme con hormonas, pero no porque “tuviera un problema”, sino porque tenía una vida sexual activa y entre que eran peras o manzanas, nadie quería un embarazo no planeado. Y es que para las mujeres que sufrimos de infertilidad, la vida siempre es así de incierta a pesar de los avances tecnológicos: algo no funciona bien, pero nadie te dice a ciencia cierta qué o por qué y mientras, ves cómo se va vaciando tu cuenta bancaria.

Se nos enseña tan poco en las aulas de nuestros propios cuerpos y nuestra sexualidad está tan entumecida detrás de las buenas costumbres familiares y del no incomodar a nadie con esos temas, que muy pocas sabemos cómo es el ciclo reproductivo e incluso de qué está conformado nuestro órgano sexual. Tanto, que el primer diagnóstico de infertilidad que tuve fue hasta que cumplí los 25 años, cuando ya llevaba casada cerca de dos y nos decidimos a planear una familia.

¿Cómo te relajas cuando lo has hecho todo por conseguir algo y aún así no sucede? ¿Cómo te relajas cuando algo dentro de tu cuerpo no funciona y duele todo el tiempo o incluso en ocasiones te incapacita?

El viacrucis no sólo comienza cuando escuchas que te va a costar más trabajo que a otras mujeres tener hijos: uno, dos, tres… Diez años. Nadie lo sabe. También empieza cuando te decides a contarle al mundo que tienes una herida tan profunda que no te deja respirar y que no sabes cuándo o con qué va a sanar.

Empiezas a escuchar que estás muy joven, que no te preocupes; que Dios sabe por qué hace las cosas y que sus tiempos son perfectos; que para qué quieres hijos y sometes a tu cuerpo a tratamientos agresivos para “cumplir con un rol que la sociedad te ha impuesto”; que el mundo está sobrepoblado; que te relajes y te vayas a la playa con tu pareja porque a fulanita, amiga de sutanita, le funcionó… Que te relajes.

¿Es en serio? Tú, que le dices eso a quien no puede concebir: ¿cómo te relajas cuando lo has hecho todo por conseguir algo y aún así no sucede? ¿Cómo te relajas cuando algo dentro de tu cuerpo no funciona y duele todo el tiempo o incluso en ocasiones te incapacita? ¿Cómo te relajas cuando tienes que gastar más de 3 mil pesos mensuales en medicamentos para tener una calidad de vida más o menos decente?

Y es que se nos trata como si fuéramos niños caprichosos que se quejan de un juguete que les fue negado, sin tomar en cuenta que la infertilidad está considerada por la OMS como un problema de salud pública.

Infertilidad terapia psicológica CDMX
Medicación de un día

Por supuesto que no podemos cerrar los ojos a los casos de tráfico de infantes para
satisfacción de algunos que no han podido engendrar o al inhumano negocio de los vientres de alquiler, pero hay también un enorme vacío y silencio en cómo somos tratadas el grueso de las mujeres con algún trastorno reproductivo; 3 de cada 5 doctores te venden una fecundación in vitro (que cuesta cerca de 150 mil pesos y que tiene apenas un 25% de tasa de éxito) para que lo logres “cuanto antes”, como si fuera el gran secreto para resolver tus problemas, muchas veces sin hacerte estudios previos. Quienes deciden probar este tratamiento regularmente son estafados y se enfrentan a otro tipo de problemas: venden a sus embriones sin decírselos o les implantan embriones que no son suyos.

¿Y por qué no adoptas? Hay taaaantos niños sin amor…

Bueno, investigando un poco podrás encontrar que el DIF considera a la infertilidad una razón “equivocada” para adoptar y que se otorgan muy, pero muy pocas adopciones a lo largo de los años.

No obstante, las organizaciones que resguardan a los menores tienen argumentos de peso para que sus procesos sean así; gente que abandona a los niños adoptados cuando logran concebir naturalmente es el caso más común. Vaya, que como reza el dicho popular: en todos lados se cuecen habas y pagamos justos por pecadores, pero lo cierto es que adoptar requiere un proceso interno distinto. Hay que ser conscientes de que adoptar no es ningún premio de consolación ni un “pues ya ni modo”. Adoptar es darle la oportunidad a una persona de tener lo que perdió al ser abandonada. Es una cuestión desinteresada de humanidad y compasión, muy aparte del deseo de vivir la experiencia física y psicológica de crear a otro ser humano.

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La primera ropa que le compré. Su papá es fotógrafo.

¿No querer adoptar es una decisión egoísta?

Para la gente que nunca ha tenido que pasar por un proceso de infertilidad pudiera parecer así, pero la realidad es que antes de llegar a la decisión de adoptar hay que deconstruir un montón de ideas y sentimientos ligados a la maternidad. El deseo de ser madre y de tener un hijo (ya veremos la diferencia en unos momentos) y el no poder lograrlo, conlleva necesariamente un viaje psicológico y emocional duro, doloroso y muy profundo.

No poder engendrar llevará a la persona que lo padece a cuestionarse sus relaciones familiares y los eventos de su infancia que la han llevado hasta este punto. Se aprende a ver a la propia madre como ser humano y no como ese ser superpoderoso que nos hacen creer que es. Se aprende a encontrar las heridas del padre ausente o violento o adicto o sobreprotector. Pero también se aprende a encontrar las heridas en el linaje (femenino o masculino) que se constelan en uno mismo.

La psicoanalista argentina Silvia Tubert hace la distinción entre el deseo de hijo al deseo de maternidad:

“El primero alude al registro del “tener” (un hijo) en tanto el segundo compromete al “ser” (madre). El tener un hijo, está más relacionado con la conformación del Ideal del Yo de la niña, que al tiempo que resuelve su peripecia edípica, se identifica con los emblemas culturales respecto de su género sexual. El deseo de maternidad en cambio proviene de un ser – como la madre, dominio del Yo Ideal, núcleo duro y remanente del narcisismo infantil en la mente del adulto. Se alude entonces a lo preedípico, al registro de la identificación primaria con la madre, objeto del apego y de los cuidados autoconservativos, semejante de género. Se querrá ser madre para ser una con mamá.”.

Silvia Tubert

De modo que el problema y la solución son mucho más complejos que un simple “qué egoísta eres” o un “pues si tanto quieren tener hijos que adopten”.

Si tú atraviesas por algo así quiero decirte que no estás sola, que cada vez es más común y que tienes, en quienes vivimos lo mismo, un oído para desahogarte. Por favor nunca creas que es tu culpa, ni te sientas menos persona o “menos mujer” (lo que sea que eso signifique) por vivir con esta enfermedad.

Habrá veces en las que quieras tirar la toalla y no saber más del tema, ¿y sabes qué? Es completamente válido. Date el tiempo que necesites, llora todo lo que tengas que llorar, habla de ello cuantas veces sea necesario; quienes te quieren siempre estarán para alentarte y escucharte. Pero sobre todo quiero decirte que eres una persona muy valiente y muy fuerte. Un proceso de infertilidad no es poca cosa y nadie tendría por qué cuestionarte o hacerte sentir menos.

Tras cuatro años buscando embarazarme sin éxito he descubierto todas las cosas maravillosas que puedo conseguir con disciplina y esfuerzo; he aprendido a valorar mi cuerpo y mi salud, pero sobre todo me he dado cuenta de que no necesito nada más en la vida para ser feliz. Ser madre o padre es una experiencia como cualquier otra. Por favor que eso no determine tu capacidad para disfrutar lo hermoso que es despertar todos los días.

Testimonio y fotografías: Denisse Bermúdez


Hay experiencias dolorosas que pocas personas entenderán con empatía y cariño, pero esas personas existen y están dispuestas a escucharte. Si estás pasando por una situación similar, recuerda que no estás sola, que eres fuerte y podrás con esto .

¿Necesitas hablar?

Publicado por Hablar Sana

Acompañamiento emocional y espacio terapéutico en CDMX

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